Directivos y profesores de universidades estadounidenses en The Cronicle of Higher Education avizoran los cambios que deberá asumir la educación superior tras la pandemia del COVID- 19. El observatorio de Educación Superior en Colombia, con base en este documento, anticipa el posible impacto en nuestra región.

Los expertos plantean la necesidad de adoptar plataformas virtuales, modelos híbridos de educación, reducir los gastos y el panorama social, una crisis de identidad, cambios en la evaluación del aprendizaje, y alertan ante la posible devaluación del trabajo académico.

Robert Kelchen, Universidad de Seton Hall, afirma que las universidades están reduciendo los gastos, La norma será congelar contratos, seguramente los despidos aumenten, situación que se mantendrá al menos uno o dos años después de la crisis. Las universidades postcoronavirus se apretarán el cinturón y evitarán riesgos innecesarios.

Joseph E. Aoun, Northeastern University, considera que las instituciones que prosperarán en el futuro serán las que adopten plataformas en línea, no solo un reemplazo a corto plazo para las clases, sino también expansiones a largo plazo de la instrucción en el aula, la vida en el campus y el aprendizaje fuera del campus. Las universidades seguirán siendo lugares vibrantes, dinámicos y diversos. Las instituciones que prosperarán después de la pandemia serán aquellas que entiendan cómo los humanos cruzan los límites entre lo físico y lo digital, y viceversa.

Sheila Liming, Universidad de Dakota del Norte, opina que el coronavirus alterará y reducirá el panorama social. A medida que la comunidad universitaria se conecte en línea se irán alejando de los espacios físicos de la universidad. Los estudiantes tendrán más oportunidades de seguir su educación en línea, reuniendo una experiencia que combina el aprendizaje práctico, donde sea absolutamente necesario, con cursos remotos. La ciudad universitaria sufrirá una crisis de identidad.

Patricia McGuire, Universidad Trinity Washington., dice que deberíamos imaginar un futuro híbrido con libertad para desarrollar diseños de instrucción utilizando clases virtuales y en vivo. Eso requiere reinventar el trabajo y las recompensas del profesorado. Esta crisis finalmente debería obligar a la educación superior a enfrentar su profunda inequidad social. La crisis exige que las universidades se alejen de la auto-absorción y se centren en cómo podemos servir mejor a nuestros vecindarios y a la comunidad en general.

Phil Christman, Universidad de Michigan en Ann Arbor, llama “estúpidas” las calificaciones y considera positivo que ahora se hable de aprobar-reprobar. Tomados en conjunto, los argumentos en contra de la calificación son abrumadores. Aprendemos mejor cuando estamos intrínsecamente motivados y profundamente involucrados en una tarea; las calificaciones distraen factores extrínsecos que en realidad reducen la motivación del estudiante. Son famosos por su poca fiabilidad y, en su vaguedad y subjetividad, dejan que los prejuicios implícitos (racismo, clasismo, sexismo) corran desenfrenados. No mejoran el rendimiento tan bien como la retroalimentación descriptiva.

Leif Weatherby, Universidad de Nueva York, considera que es deshonesta la congelación de la contratación de personal de la universidad, y lo que realmente se anuncia es la devaluación del trabajo académico, el empeoramiento de una relación ya sesgada entre la demanda y el trabajo. No renovar los contratos incapacitaría a la universidad más rápido que cualquier pandemia. Es una acción suicida. Es enormemente desmoralizador presenciar a las más ricas de estas universidades, con medidas de austeridad anticipadas.

Patrick Deneen, Universidad de Notre Dame, estima que la tradición universitaria de las artes liberales será un bien de lujo que incluso los ricos dudarán en comprar. La educación de posgrado en humanidades y ciencias sociales (excepto economía) se reducirá a medida que los puestos docentes se congelen y luego se eliminen. Las tendencias que han favorecido la educación “práctica” se acelerarán, aunque menos estudiantes estarán dispuestos o podrán asumir deudas que nunca serán reembolsables de manera realista.

Sara Goldrick-Rab, Universidad de Temple. Es fundamental que la educación superior adopte un conjunto de herramientas sólidas contra la pobreza y promueva cambios en las políticas y modernizar sus programas para satisfacer las necesidades básicas de los estudiantes. Ahora es cada vez más importante para la supervivencia misma de la educación superior.

Fuente: Observatorio de Educación Superior de Colombia

Imagen: cortesía de Esglobal